Durmiendo sobre el mar.
- Nathalia Riveros
- Jul 6
- 4 min read
Una experiencia de crucero
El taxista que nos acercaba al puerto de embarque, ya nos advirtió de la magnitud de aquello. Tenía en su app registrada una cantidad aproximada de 2.000 personas para el crucero que habíamos escogido. Cinco estaban atracados en inmensos muelles. La magnitud de esas máquinas, estructuras enormes y esbeltas, todas pintadas de blanco terminaron por confirmar sus dichos.

Los cruceros están tan bien diseñados en el programa de viajes, según los días que escojas, que te permiten navegar en la noche y despertar a desayunar en un muelle distinto al del día anterior. Mas que eso, en una ciudad distinta a la de ayer. Es que estos barcos/hoteles, navegan mientras dormís. Y así, se mezclan y retroalimentan Morfeo con Poseidón. Los griegos que tanto mar bañaban sus costas adoraban y agradecían a estos mitológicos personajes.
Ese gentío en modo Babel, de chirridos de maletas y sonidos idiomáticos jamás escuchados que vienen y van, pasa por controles migratorios y de equipajes, y aunque parezca estresante cuando finalmente entras, todo se transforma en una mezcla de centro comercial con hotel de gran magnitud. ¡Bienvenido a bordo!

Y es ahí, cuando la emoción se transforma en adaptación. La desorientación es inmediata y requiere ubicarse sobre un clásico de la navegación, tu camarote está a babor o a estribor? Los carteles indicativos a la salida de los ascensores, contribuyen a alivianar la carga y a tomar conciencia si donde esta la proa y la popa. Plantearse cuál es la dirección del desplazamiento, estando dentro es imposible frente a esa mole de acero que se mueve sin poder siquiera presumir en qué dirección.
Lo más memorable es la sirena del barco, que con fuerza y sobrio sonido anuncia el lento alejamiento del muelle. El clásico anuncio sonoro de levar anclas. Y es ahí, donde pasajeros en manada, y en las cubiertas superiores con trago en mano y teléfonos que pretenden capturarlo todo, avistan como la ciudad comienza a hacerse pequeña y las luces a titilar a la distancia.

Es imposible cubrir la variedad de opciones que te proponen para cada día, algunas en simultaneo y cubren desde los más adultos hasta los más pequeños. Desde actividades outodoors o indoors. Entre aquellas están las piscinas con toboganes, tumbonas y los bares preciosamente decorados, para el aperitivo del día. Además, podes escoger clases de baile, prácticamente en horario continuado. Asegurado esta el movimiento del cuerpo todo, pues podes elegir de bachata a hip hop, de salsa a merengue, de pop dance a flamenco, cerrando con la clásica zumba.

Cuando cambiamos de cubierta y nos metemos bajo techo, la variedad es aun mas expansiva. Casinos, bowling, piano bar, café concert, spa, yoga, gym y hasta un teatro de musicales cada día. Este último se lleva los palmares. Esperábamos ansiosos la entrada del sol para asistir a cada función, donde se mezclan expresiones artísticas que giran en torno al baile, el canto, la magia, el ilusionismo, malabarismo y hasta el multiverso, donde la realidad física alterna y converge por momentos con el mundo digital. Al fin de cuentas vos elegís; o madrugas para ver el amanecer desde tu camarote o bailas en una disco hasta adentrada la noche. Podes pasar de la luz del sol en la cubierta a la mas absoluta oscuridad de la noche, en plena mar.
Las escalas en cada ciudad es un tema aparte, que requiere identifiques qué queres ver, para escoger el crucero que más se adapte a tus intereses. Aunque es bueno mencionar que el escaso tiempo que estas en cada ciudad/puerto hace que no puedas verla en profundidad. De igual manera, la sensación de hoy “estoy acá, mañana allá” es parte del encanto.
Importante señalar que el movimiento del barco es casi imperceptible, aunque hay momentos en que el agua te recuerda que estas sobre ella y que abajo hay una profundidad inmensa e indiferente a lo que acontece arriba. Nada para generar pánico, ni vértigo, simplemente dejarse llevar por esa calma comprobada en que el mar hace suyo al inmenso paso del barco, y nosotros hacer a lo que vinimos: ¡viajar!
Haber, seamos sinceros, lo realmente perceptible es el Pinterest de colores que el mismo mar nos presenta: azul de acero al amanecer, turquesa y espumoso al romper de la proa, negro profuso durante la noche. El tiempo ya no se mide por horarios, se mide por colores. El viento también es protagonista en el cabello que despeina, en el sonido de la risa que te roba y en la piel que eriza.

Mención aparte es el sentido del gusto. Lo mitología griega vuelve en forma dionisiaca para provocarnos en la comida mas variada y universal que puedas imaginarte. Eso sí, el ajetreo de los cientos de comensales, girando con plato en mano para agarrar el bocado más rico marea más que el mar mismo!
Claro que no todo es perfecto. A veces hay demasiada gente en cada actividad, las excursiones pueden resultar apuradas y todo funciona con precisión de reloj: horarios, filas, actividades, anuncios, aunque podes renunciar a todo eso y andar a tus anchas en chancletas o tirado al costado de la piscina.


Comments