HACIA EL PANTANAL DEL PARAGUAY

El pantanal es el humedal más grande del mundo con más de 340.000 kms2, ubicado en el centro mismo de Sudamérica y cubre parte del suroeste de Brasil, parte de Bolivia y el Alto Paraguay, en el Chaco paraguayo.
Viajar hacia ese rumbo, es lo que podría denominarse, en un turismo cada vez más segmentado, un viaje de aventura. Según algunos el turismo de aventura es aquel que implica asumir ciertos riesgos a la vez de una planificación adecuada. Otros lo relacionan con actividades que demandan cierto nivel de esfuerzo físico y algunos más lo identifican con traslados y vivencias en ambientes puramente naturales escapados de todo contacto con la ´civilización¨ o el mundo citadino. Esta aventura de 3 días por el Pantanal paraguayo es sin duda un turismo de aventura, garantizado 100%.
Existen dificultades muy presentes, como la distancia para llegar hasta ahí, con una infraestructura de transporte muy limitada. Hablamos de 180km de tierra desde la nueva carretera Bioceánica, insuficiente frecuencia de medios de transportes, un solo vuelo semanal de SETAM (Servicio de Transporte Aéreo Militar), o en barcos que cubren el rio Paraguay en una visita de una vez por semana. Otra de las dificultades son las altas temperaturas. Tales situaciones no esquivan el deseo de llegar hasta ahí.
Bahía Negra es la última ciudad del Paraguay, ya cerca de las tres fronteras. Una ciudad pequeña de no más de 2.800 habitantes. La aventura comienza aquí. El mayor atractivo es la comunidad indígena Yshir o Chamacocos, ubicada a pocos kilómetros, donde se pueden apreciar las ceremonias religiosas o de veneración que con trajes típicos se llevan adelante. Igualmente, se puede ver el trabajo fino, paciente y laborioso de artesanía con el caranday, un tipo de palmera con resistentes hojas, ideales para tejerlas y enhebrarlas, dando como resultado útiles utensilios para el hogar o accesorios para el vestir.
El plato fuerte, es el viaje en lancha agua arriba hacia el hito de las tres fronteras e inclusive un poco más allá, hasta adentrarse en la naturaleza pura. En el viaje asombran nuestros ojos la variedad de aves y sus colores, siendo el tuyuyú, con su rojo cuello el amo y señor de la costa. Mas allá desfilan patos bragados, nutrias, garzas, guacamayos, entre otras que en vuelo rasante siguen su instinto depredador.
Se pueden observan también innumerables yacarés que desfilan por la costa o dejan asomar sus ojos al paso cercano de la lancha. Es para tomar cuidado a la hora de pensar bañarse en el rio. ¡Para colmo, abundan las pirañas! Según cálculos existes 10.000.000.- de yacarés en todo el pantanal.
Es recomendable ir de camping para pasar una noche o dos noches en la Reserva Tres Gigantes, una extensión enorme de bosques y agua donde el sonido que se repite al infinito en armonioso coro es de las aves. También se pueden hacer travesías en kayak, caminatas por los senderos bien marcados e inclusive subir a alguno de los miradores. Hay que tener permiso para poder ingresar. ¡Vale la pena! Por esta zona, los cuatí, mborevi, guazu pucu, jaguareté hacen su aparición. Este último si tienen suerte.
Finalmente, para el retorno, el Aquidaban! Es un barco que una vez por semana, desde hace 40 años sale de Bahía Negra aguas abajo hasta Vallemi. Es un viaje alucinante. Son 24hs donde se conjugan en un solo lugar, el transporte de pasajeros, el de carga y un mercado flotante donde suben las poblaciones ribereñas, a surtirse de bienes y productos. Cuenta con camarotes. Y para quienes quieren más aventura, se alquilan hamacas para pasar en cubierta una noche a la luz de una luna de intenso reflejo en el rio. Esta última opción es la recomendable por el intenso calor. Igualmente, hay un bar, donde a un precio módico se preparan comidas durante el viaje.
Uno de los puntos débiles del viaje es la ausencia de gastronomía del pescado. No es costumbre comer pescado, siendo tan fácil y frescos conseguirlos. Aunque los indígenas si lo hacen. Un buen consejo es ir en grupo y planificar bien que llevar para el avió.
Dicen por ahí que el amanecer con el sol despuntando es de gloria. Y el poniente es del ocaso. Metáfora de la vida. En el pantanal paraguayo observar este fenómeno es imborrable en nuestras retinas.



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